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miércoles, 7 de febrero de 2018

Literatura en tiempos modernos (I)


Antiguamente la gente miraba imágenes y escuchaba lo que decían los demás porque no sabían leer y escribir. 
Ahora la gente mira imágenes y escucha lo que dicen los demás porque le da pereza leer y escribir.


viernes, 26 de enero de 2018

Los escritores olvidados

Muchos escritores desean que sus obras sigan siendo leídas en las generaciones venideras. Sin embargo, nada ni nadie puede garantizar que esto ocurra. No es por ser pesimista, pero de todos es sabido que las modas y las ideologías son dos jueces que pueden hacer realidad ese sueño o romperlo en mil pedazos.
Sería imposible enumerar a todos los escritores que han caído en el olvido. Algunos han sido rescatados y otros esperan salir de ahí algún día. Como todo artista que se precise, dedicó tiempo y esfuerzo a crear algo que echaba en falta en el mundo que le rodeaba, si bien ese entorno le consideró importante o prescindible según la coyuntura social y política imperante. Por casualidades o causalidades, siempre aparecerá alguien que revindique a un/a determinado/a escritor/a y lo saque de su letargo.
Con todo, se debe tener presente que la principal razón de la creatividad es el desarrollo en sí mismo. Si se hace para destacar o para contentar a alguien, se desvirtúa por completo su parte lúdica y lo convierte en una obligación insufrible. Por ello, cuando creas un obra enfócate en las buenas sensaciones que vives a lo largo del proceso, no en que te aplaudan al mostrarlo al público. "No te esfuerces en ser conocido, lucha por ser una persona que merezca la pena conocer", afirma una cita que circula por las redes sociales. 
Esa persona que ejerce el papel de rescatador no tiene por qué ser un académico, un crítico u otro artista. También puede hacerlo un gran aficionado a la Cultura, un amigo cercano o un pariente próximo. Lo prioritario es que sea una persona que crea en lo que está sacando de la espesa niebla del olvido y que lo defienda para que no regrese a ella, al menos no con la misma facilidad con que cayó. Es una labor ardua, pero la recompensa es de un valor incalculable.
Seas escritor o no, siempre habrá alguien que te recuerde cuando ya no estés en este mundo, y ahí estará tu inmortalidad.


viernes, 19 de enero de 2018

Y además, escritor

Los escritores somos como los X-Men. Cada uno somos de un punto del planeta diferente, cada uno tiene sus virtudes y defectos, sus propios oficios... En mi breve haber como escritor me he dado cuenta que el escritor moderno no vive de sus textos. Resulta casi imposible, por lo que siguen ocupando sus trabajos convencionales: laborante en un laboratorio geotécnico (ese soy yo), pintores, reposteras, profesores de música, reponedores de Mercadona, vigilantes de seguridad, auxiliares administrativos, peluqueras caninas, informáticos, campesinas, camareros, limpiadoras... La gente no los ve capaz por su oficio de tener una novela. Sin embargo, ahí están, ahí estamos. Las historias fluyen en nuestra mente independientemente del oficio que la vida nos haya impuesto. 
Cada uno de nosotros, currantes, nos unimos gracias a un profesor Xavier (lectores y editoriales) que nos reúne por una causa en común, crear un mundo literario para que las personas puedan divertirse, emocionarse y evadirse de su rutina diaria.
Gracias a esos profesores Xavieres, por darnos esa oportunidad y dejarnos formar parte de esta Squad, de mini héroes que luchan aportando aventuras de ficción.

Este post fue publicado por Manuel Delprieto en un grupo literario de Facebook y dudo que yo haya sido la única persona que se ha reído por la comparación entre los escritores y los personajes de Marvel.
Más allá de esta ocurrencia expone un tema que no suele tenerse en cuenta. Si bien el cine y la televisión han dado la imagen de que un escritor es un ser bohemio que disfruta de sus vicios sin preocupaciones o un dandy que va de fiesta en fiesta la realidad es bastante distinta, para bien o para mal. No lo digo solo porque la Cultura no suela pagar las facturas de sus hacedores; también lo hago por el prejuicio que afirma que solo los universitarios pueden crear textos de calidad por el hecho de serlo. Sobre esto último cabe recordar que la creatividad, la dedicación y la constancia son cualidades que no se enseñan en ninguna carrera ni ciclo formativo, sino que deben ser desarrolladas a nivel personal. Este proceso es un mérito que no todos alcanzan como artistas, aunque se tengan decenas de títulos. ¿Por qué? Por lo que hablamos en la entrada Cuidando los talentos.
Nadie debe avergonzarse de la profesión que esté ejerciendo, ni debe tolerar que los demás lo humillen por ello. La vida se compone de ciclos, y hay que disfrutar y aprender de cada uno de ellos para alcanzar nuestras metas.


lunes, 15 de enero de 2018

Cuidando los talentos



Sabias palabras... ¡Lástima que no se tengan en cuenta!
Aunque hoy día se hable de las inteligencias múltiples con naturalidad, todavía existe una fuerte tendencia hacia la uniformidad y a marginar al que no se somete a ella. Por ese ansia de control se está desperdiciando muchos talentos y destruyendo autoestimas sin necesidad alguna. 
Cuando alguien quiere meter sus ideas con calzador en la mente de otra persona muestra egocentrismo. Cuando alguien da por bueno el punto de vista de otra persona sin reflexionar al respecto muestra inseguridad. 
Cada persona es única e irrepetible. Debemos ser conscientes de ello para desarrollar los talentos con los que cada uno nace y/o enseñar a otros a hacerlo por sí mismos.


Cada uno tiene su camino en la vida, por lo que nadie debe ser una copia de nadie. Todos podemos aportar algo al mundo y a nosotros mismos haciendo germinar nuestras propias cualidades.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Nuevos comienzos


Aquellos que ven en cada desilusión un estímulo para mayores conquistas, ésos poseen el recto punto de vista para con la vida.

Johann Wolfgang von Goethe (escritor alemán, 1749-1832)




jueves, 28 de diciembre de 2017

Lo que sé de Julio Cortázar

Muchos aficionados al género del cuento conocen los relatos de uno de los escritores más importantes de la literatura argentina, Julio Cortázar (Bélgica, 1914 - Francia, 1984), si bien éstos tienen distintas interpretaciones según la época y el estado de ánimo en que viven sus lectores al descubrirlos o redescubrirlos.
Como el mismo Julio mencionó en varias entrevistas, sus cuentos tienen una particularidad que no poseen sus novelas ni sus poemas: un ritmo narrativo propio, espontáneo, como si se hubieran escrito solos. Esto hace que su lectura sea fluida, atrayente de principio a fin. En ellos se mezclan géneros tan distintos que se puede sentir alegría, tristeza, miedo, curiosidad y sorpresa a la vez y no saber con certeza dónde está la realidad y dónde reside la fantasía.
Estos encantos nos han enseñado a muchos escritores a usar las reglas establecidas a nuestro favor, explorando así nuevas formas de contar una historia y sacando lo mejor de nosotros sin miedo a no cumplir con los cánones.
Bestiario (1951), Final del juego (1956), Las armas secretas (1959), Historias de cronopios y de famas (1962), Todos los fuego el fuego (1966), Octaedro (1974), Alguien que anda por ahí (1977), Queremos tanto a Glenda (1980), Deshoras (1982) y La otra orilla (1994) son sus libros de relatos. No destacaría ninguno por encima de los demás, pero para empezar recomendaría La otra orilla.