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domingo, 20 de marzo de 2011

La primera entrevista

http://www.ivoox.com/chicharro-10-03-2011_md_579139_1.mp3

El Chicharro (Onda CIT), 10 de marzo de 2011.

Orden de aparición: Fernando Hernández León (profesor del Conservatorio de Santa Cruz de Tenerife), Enós Sánchez (colaborador del programa), Carmen Cuarzo y Jose Luis León (presentador del programa) .

Todavía no puedo creer que haya sido entrevistada en la radio.  Debe ser porque nunca pensé en tener esa oportunidad tan pronto.

Lo que más me gustó de la entrevista fueron los momentos en los que José Luis León leyó mi biografía y algunos fragmentos de las reflexiones que hago sobre los relatos que componen el libro. Me emocionó muchisimo.
Escuchar todo eso en la voz de otra persona fue como una confirmación de mi existencia más allá de mi consciencia.
Aunque hubo cosas que se quedaron en el tintero o que dije a medias por culpa de los nervios, estoy muy contenta con la entrevista.

Desde aquí quiero agradecerle a Jose Luis y todo el equipo el excelente trato que me dieron y, por supuesto, el hueco que me hicieron ese jueves en el programa. ¡Gracias!

miércoles, 16 de marzo de 2011

Sólo escribir


Habla Alejandro Rozitchner.

Las fases iniciales de la escritura suponen un estado de total libertad. No hay censura, ni hay preferencias, ni presión alguna. Sólo el escritor y sus ideas. Deja que ese torrente que fluye por su mente salga tal y como vino, como un animal exótico y salvaje al que acaba de cazar, y lo recluye en la jaula que forma al plasmar líneas de tinta sobre el papel.
Después verá qué hacer con ese animal, pero en esos instantes no hay nada más... sólo escribir.

sábado, 5 de marzo de 2011

¿Por qué escribo?

Buena pregunta. Al igual que muchos escritores me la he formulado en multitud de ocasiones. Cada vez obtengo una nueva respuesta, pero siempre válida. Sin embargo, hay algunas que permanecen y vuelven una y otra vez. Quizás sea porque son las bases en las que se asientan todas las demás.

¿Por dónde empezar?... bueno, hablaré de las que siempre vienen a mi encuentro.
Una de ellas es esa irrefrenable tendencia a crear mundos paralelos a éste en un paseo infinito. Poder construir de la nada, modificar la realidad, destruir todo lo que no desee, encontrar ese dificil equilibrio tan anhelado... todo puedo conseguirlo con mi deseo y mi fuerza, como si fuera una pequeña diosa.
A esto se le une la intensa calma que se experimento al escribir. Las preocupaciones, la tristeza, la rabia... todo desaparece cuando escribo sobre esos mundos. Sólo estoy yo frente a las palabras en las que esos mundos se convierten. Esas palabras fluyen como un río, unas veces cristalino, otras turbio, pero siempre sin detenerse. Ellas también descansan cuando se plasman sobre el papel. Se sienten aliviadas al saber que su existencia ya no es fugaz.
Otra de esas respuestas son las ansias de hablar de esos mundos, de compartirlos con alguien que quiera imaginarlos junto a mí. Esa proximidad hace que se extiendan a otros parajes más allá de mi interior, que encuentren un poco más de la inmortalidad que buscan.
 
Todo esto puede parecer un juego de niños. Puede serlo, pero es un juego que nace de dentro, con unas reglas particulares y universales. Es un juego de una sola interpretación y al mismo tiempo de miles. Es un juego sencillo y complejo. Es un juego que vacía y llena a la vez. Es un juego... cómplice.

Sigmund Freud dijo en una ocasión que los escritores somos personas que manejamos nuestro delirio de una forma ordenada. Quizás tenga razón.