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sábado, 23 de abril de 2011

Negro sobre blanco

Hoy es un día especial para todos los amantes de los libros. En algunos lugares como Barcelona los escritores se encuentran con sus lectores, les firman esos ejemplares que llevan con tanto mimo, intercambian algunas palabras con ellos... es un acercamiento muy especial para ambas partes.

Muchas veces he imaginado ese momento. Como lectora siempre se ha quedado en mi cabeza porque muchos de mis escritores favoritos han fallecido o no vienen a Tenerife, pero como escritora se ha convertido en lo más parecido a una sensación real.
Quizás sea por la publicación de Camino del Norte, pero desde entonces cada vez que me visualizo en esa manera siento al mismo tiempo euforía y nerviosismo, como en el preciso minuto en el que te percatas de ya tienes lo que tanto deseabas. Sin embargo, a veces también siento cierta lejanía, como si pudiera pasarle a personas que conozco pero no a mí. Quién sabe si es por uno de esos momentos de flaqueza que siempre asaltan a los que quieren conseguir algo bastante importante para ellos.

Con todo, hay dos elementos que deben sustentar a todos y a cada uno de los escritores, sean cuales sean sus circunstancias: tanto en su mundo interior como en su realidad exterior siempre hay un líquido negro y una superficie blanca. Sin estos dos elementos no puede venir todo lo demás. Parece una cuestión de sentido común, pero siempre conviene recordarlo. Por ello sigo escribiendo mientras la vida determina si algún día ocupo una de esas casetas que se levantan en el Día del Libro o en cualquier feria literaria, porque escribir es lo que hacemos los escritores, ¡lógico!

domingo, 17 de abril de 2011

Un destello para el sol

Esta mañana leí un relato titulado El precio de la cabeza de un escritor llamado John Russell. Me pareció interesante la temática y me gustó mucho su estilo. Como siempre que ocurre esto busqué información sobre el autor. Para mi sorpresa no encontré más que el título del libro de donde procede el relato, Color of the East, publicado en 1919. A partir de ahí no hay nada más.
Curiosamente, este hecho guarda relación con una reflexión sobre la inmortalidad del artista que hice en el anexo de Facebook el día 14 de este mes, a raíz de una afirmación realizada en una página literaria. Russell representa a la perfección esas palabras expresadas por Hidalgo. No hay más que un libro para atestiguar la existencia de esta persona ante el mundo. Digo persona porque detrás de este nombre pudo haber una mujer, como en el caso de George Sand. El misterio da miles de posibilidades...

Por otra parte esta situación me ha dado mucho que pensar. ¿Podría ser este también mi caso? Quién sabe... aún estoy empezando y no tengo más que el presente... y para mi alegría es más de lo que yo esperaba.

Por cierto, te dejo el relato en el siguiente enlace. Espero que te guste, aunque no sea mi estilo. 
Sólo quiero colaborar con la inmortalidad de este escritor (o escritora).

"El precio de la cabeza" de John Russell.

miércoles, 13 de abril de 2011

[Tulipanes rojos] Demasiado tarde...

¿Por qué tendemos a actuar cuando todo está perdido? ¿por qué postergamos el momento que tanto deseamos por circunstancias tan banales? Estas preguntas pueden ser algunas de las que rodaran por la cabeza de Ricardo durante todos esos años en los que navegó en un barco en el que no quería viajar. Responderlas le llevaban al puerto donde pervive todo lo que siempre se deseó y jamás sucedió.

Evanescencia, tardanza, destrucción... podrían ser palabras que definan su relación con Cristina. Quizás sólo haya una cosa clara en todo esto. Debía cruzar un sendero pedregoso, cubierto de maleza y sin un punto donde apoyarse. Sí, pero ese sendero se bifurcaba. Por un lado se encontraba una hermosa luz mientras que por el otro había una densa sombra. Era tan sencillo elegir...

Como todos sabemos al tomar una decisión las demás opciones desaparecen. Eso no significa que no pensemos en ellas de vez en cuando, sobre todo cuando nos damos cuenta que la escogida no ha sido la mejor.