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domingo, 15 de mayo de 2011

[Tedio] No

No. Una palabra de escasas letras con abundantes significados. Con ella puedes decir que estás en desacuerdo con lo que te rodea, que prefieres lo que se agita dentro de ti. A veces puede ser un verdadero bálsamo. Entonces, ¿por qué algunas veces cuesta tanto decirla?

Para Raquel sólo hay una respuesta posible: la acritud como un acto cotidiano.
Sí, la aceptación sin reflexión ni lucha puede neutralizar la magia del "no". Es una buena respuesta, aunque puede haber otras. La vida siempre hace preguntas que tiene más de una contestación. Todo depende de cómo se plantee, de las cosas que se priorice y de las que se impongan como obstaculos insalvables.

Sin embargo, esa palabra es más fuerte que todas las barreras que nos pongamos y/o nos pongan. Cuando la dices y resuena en los oídos de tu interlocutor cambia todo lo que se ha dicho anteriormente y que tanto te asfixia... además, te deja una sensación de alivio indescriptible. La vida pasa del tedio a la maravilla. Todo es cuestión de verlo por ti mismo.

viernes, 6 de mayo de 2011

Los escritores que hay en cada escritor


Habla Alejandro Rozitchner.

Nada más se puede añadir a sus palabras, salvo el detalle de que, como en todos los aspectos de la vida,  hay que saber diferenciarse de los escritores que te precedieron o que son coetáneos a ti. Está bien que te identifiques con su estilo, que encuentres un sólido apoyo en ellos. Sin embargo, está mal que los imites, que seas una vulgar sombra de ellos.
Todo escritor tiene el derecho y la obligación de encontrar su estilo, seguirlo y empaparse hasta arriba en el océano de las palabras.

Es curiosa la forma en que la musa te lleva a elegir uno u otro escritor para acompañarte en esa aventura que supone la construcción de una perspectiva única desde la que percibir el mundo -ya sea interior o exterior-  y de una voz propia con la que narrar lo que se percibe. Es como un juego de azar. Cae en tus manos una obra y la musa -o más bien el estado de tu sensibilidad- hace que ames o detestes esa obra y que, por tanto, busques o evites otras creaciones de su autor. La indiferencia no tiene lugar alguno en este proceso.
Con el tiempo ese cielo y ese infierno literarios se van consolidando. Te das cuenta de que si no hubieses leído sus libros no tendrías esa forma tan particular de escribir. Tendrías otra, pero esa con la que ya te identicas, de la que ya no puedes prescindir.

En definitiva, no sólo tu vida -sea real o imaginaria-, tus pensamientos, tus sentimientos o tus ideales moldean al escritor que llevas dentro; también lo hacen los escritores que has leído o lees. No hay más.