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martes, 28 de junio de 2011

¿De qué hablo cuando hablo de amor?

Amor. Ese sentimiento tan maravilloso y escurridizo al que no podemos permanecer indiferentes aunque algunos lo afirmen. Nacemos, morimos y nos superamos a nosotros mismos por amor.
Si observamos con detenimiento podemos apreciar que todo se rige por él en mayor o en menor medida: la pareja, las relaciones familiares, las amistades, la interacción con nuestro alrededor... las relaciones humanas están impregnadas de amor.

Con todo, el amor no es el único componente de nuestra existencia, aunque sí uno de los esenciales. Otros sentimientos como la complicidad o el resentimiento pueden acompañar a éste. La ausencia o la abundancia de amor condicionan nuestras vidas hasta extremos insospechados. Para nuestra fortuna no somos inmunes a él, porque nos hace sentir plenos, evitando que pasemos por este mundo como fantasmas.

Cuando hablamos de amor, también hablamos de otros sentimientos, de otras perspectivas, de nuestra esencia como seres humanos. Rechazar todo eso, negarlo por completo es igual que ser una hoja seca que ya en el suelo mira con tristeza el árbol desde el que cayó.

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