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lunes, 31 de octubre de 2011

Escritor... entre otras tareas.

"Una familia feliz", de Lu Sin.

Este cuento siempre me ha recordado lo escurridiza que puede ser la inspiración, sobre todo cuando tienes que atender a muchas cosas.

Nunca he sido partidaria de que el escritor se encierre en una habitación y se olvide de todo y de todos para escribir, aunque creo firmemente que debe tener un tiempo y un espacio para la creación, por minimo que sea. Existen muchos ejemplos de textos escritos en lugares tan opresivos como la cárcel y en tiempos tan exiguos como la hora antes de entrar al trabajo, y eso no ha mermado la calidad de su elaboración. La razón es muy simple: cuando se desea algo con toda la fuerza del corazón el tiempo, el lugar y los medios se encuentran en los pliegues de la vida diaria, se arañan y se consumen con delicada intensidad.

Por otra parte, la inspiración puede estar fuera de las paredes de la habitación donde escribimos, habitando donde menos la esperamos. Ella no nos envuelve a menos que cojamos su mano en su hogar ocasional, en ese preciso momento, porque puede que tome la decisión de mudarse y de cambiar de piel. Nunca es la misma, por eso hay que prestar atención... siempre. 

sábado, 1 de octubre de 2011

Desprecio al arte


Esta imagen se ha erigido en internet como emblema de los músicos. Sin embargo, creo que nos atañe a todos los artistas con dedicación parcial o plena a su disciplina.  

Deja un gusto muy amargo el desprecio que sienten algunas personas hacia el arte, incluso estando relacionado con él de algún modo. Resulta contradictorio, pero es la realidad.
En el caso de la literatura podría traducirse en el encorsetamiento que experimentan algunos escritores, ya sea por una temática impuesta, un tiempo breve en exceso o un encargo desagradable. Esto puede deberse al poco o nada escrupuloso sentido de la competencia de un editor codicioso que responde a su vicio o a un público poco o nada dispuesto a leer libros ajenos a las modas. "El que algo quiere, algo le cuesta", podrías responder, pero entonces se plantean algunas preguntas: ¿No es un precio elevado? ¿No debe haber una oferta para cada porción del público, ya que éste es en realidad heterogéneo? Puedes intuir mis respuestas... 

Es innegable que el arte como forma de vida es arriesgado por la volubilidad de la inspiración del artista y de las reacciones de quienes le rodean y reciben su obra, pero eso no significa que se pueda tratar al artista como un esclavo o un  mendigo. Ante todo está la persona, y con ella su alma y el fruto que quiera sacar de ella. Siempre.