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lunes, 31 de octubre de 2011

Escritor... entre otras tareas.

"Una familia feliz", de Lu Sin.

Este cuento siempre me ha recordado lo escurridiza que puede ser la inspiración, sobre todo cuando tienes que atender a muchas cosas.

Nunca he sido partidaria de que el escritor se encierre en una habitación y se olvide de todo y de todos para escribir, aunque creo firmemente que debe tener un tiempo y un espacio para la creación, por minimo que sea. Existen muchos ejemplos de textos escritos en lugares tan opresivos como la cárcel y en tiempos tan exiguos como la hora antes de entrar al trabajo, y eso no ha mermado la calidad de su elaboración. La razón es muy simple: cuando se desea algo con toda la fuerza del corazón el tiempo, el lugar y los medios se encuentran en los pliegues de la vida diaria, se arañan y se consumen con delicada intensidad.

Por otra parte, la inspiración puede estar fuera de las paredes de la habitación donde escribimos, habitando donde menos la esperamos. Ella no nos envuelve a menos que cojamos su mano en su hogar ocasional, en ese preciso momento, porque puede que tome la decisión de mudarse y de cambiar de piel. Nunca es la misma, por eso hay que prestar atención... siempre. 

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