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domingo, 18 de agosto de 2013

Literatura, familia y ocio

"Cuando te cases y tengas hijos dejarás de leer y escribir como lo haces ahora", "cuando tengas cosas importantes que hacer te olvidarás de la literatura", estas frases la he escuchado muchas veces desde que publiqué el blog y mi primer libro. Algunos lo dicen con cierto resquemor, como si una malévola envidia les corroyera, y otros con mucha ligereza, como si fuese algo del todo lógico. ¿Por qué lo dan por hecho? No lo sé muy bien. Lo más probable sea por ese pensamiento aún generalizado de que las cuestiones familiares son asuntos exclusivos de las mujeres, como si los hombres no participaran en ellos de ningún modo (ya me entiendes). Es curiosa la indulgencia que se puede tener con lo que la gente considera actividades ociosas en función de quien las ejerza, hombre o mujer, pudiente o humilde, realista o idealista, afición o algo más...
¿Mi respuesta? Siempre digo que uno nunca puede saber lo que le deparará el futuro, que lo único que tenemos es el presente, así que en mi presente yo quiero leer, escribir, contar historias, vivir el arte de una forma activa. También les hablo de casos de escritoras que no han dejado de escribir aunque hayan formado una familia, pero eso no suele interesarles. 
Desde mi experiencia puedo decir que cuando aprendes a adaptarte a cualquier situación puedes escribir, es cuestión de sacarle tiempo al día y espacio a tu transito. Aunque no lo creas yo he escrito mis textos en una hora libre con un cuaderno escolar, un lápiz y una goma sobre la mesa de la cocina, en treinta minutos de espera con un pequeño bloc y un bolígrafo siempre anhelantes en el bolso, en una tarde en una sala compartida con un chico que memorizaba su papel para una obra de teatro y con unos niños entretenidos con sus juegos llenos de emoción, a solas en un sitio que te invita a quedarte un rato y a sacar ese bloc y ese bolígrafo... La inspiración no conoce de horarios ni espacio dedicados, al menos la mía.
Respecto a la ociosidad ya debes imaginar cómo lo pienso. Sí, es algo más externo que interno, porque son los demás quienes ponen esa etiqueta a lo que no logran comprender porque dan poco o ningún dinero o no le pueden sacar ningún beneficio para sí mismos. El enriquecimiento espiritual nunca ha estado de moda...

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