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domingo, 27 de noviembre de 2016

Reflexiones de ayer y hoy: Eduardo Galeano

El miedo manda
El hambre desayuna miedo.
El miedo al silencio aturde las calles.
El miedo amenaza:
Si usted ama, tendrá sida.
Si fuma, tendrá cáncer.
Si respira, tendrá contaminación.
Si bebe, tendrá accidentes.
Si come, tendrá colesterol.
Si habla, tendrá desempleo.
Si camina, tendrá violencia.
Si piensa, tendrá angustia.
Si duda, tendrá locura.
Si siente, tendrá soledad.
Eduardo Galeano (Uruguay, 1940-2015)

martes, 22 de noviembre de 2016

Música que inspira (IX): The Beatles



The Beatles (Reino Unido, 1960-1970) es una de esas pocas bandas que van ganando admiradores con el paso de las décadas -no hay más que fijarme en los tributos que se les rinde hoy día en diferentes ciudades de todo el mundo-. 
No hay mucho que añadir al hecho de que ese toque especial que los caracterizaba era -y es- la espontaneidad de sus composiciones. Aunque estuvieran respaldados por una orquesta y fueran aplaudidos por cientos de fans su sonido reflejaba la misma ilusión y entrega que un grupo que toca a solas en un garaje. Además, sus puestas en escena eran memorables por la originalidad que desbordaban, una cualidad muy en boga en los 60 y que en la actualidad se echa tanto de menos.
Su influencia va más allá de la música; puedes ver muchos cuadros y relatos inspirados en The Beatles. No sé si recordarás un cuento que narra una visita de Eleanor al psicólogo y que fue escrito por cierta mujer que frecuenta este blog... Aquí puedes leerlo.
Tomorrow never knows, Twist and shout, She loves you, In my life, Here comes the sun, Strawberry Fields forever, I want you (she's so heavy), And I love her, Day tripper, Can't buy me love o Love me do son excelentes opciones para adentrarse en este universo tan particular.
Te dejo la canción que dio origen el relato que antes mencioné, Eleanor Rigby



domingo, 20 de noviembre de 2016

Reflexiones de ayer y hoy: Manuel Mujica Láinez

Fragmento del cuento El primer poeta.

El poeta detiene su cabalgadura y queda absorto en la contemplación del ancho cielo. Despliega entonces los folios manchados en sangre, de su sangre, y comienza a leer en voz alta:

Año de mil y quinientos
que de veinte se decía,
cuando fue la gran porfía
en Castilla...

Callan los ruidos alrededor. El paisaje escucha la historia trágica que ha vivido. La recuerda el río atento; la recuerdan los algarrobos y los talas. La sangre mana de la cara del lector y le enrojece los versos:

Allegó la cosa a tanto
que como en Jerusalén,
la carne del hombre también
la comieron.
Las cosas que allí se vieron
no se han visto en escritura...

Así leyó fray Luis de Miranda, para el agua, para la luna, para los árboles, para las ranas y para los grillos, el primer poema que se escribió en Buenos Aires.

Manuel Mújica Láinez (Argentina, 1910-1984)

jueves, 17 de noviembre de 2016

Imitar para crear, crear para materializar

"Soy totalmente original en todas mis creaciones", dicen muchos artistas que buscan una y otra vez lo que suelen llamar una voz propia.
Pues siento decepcionar a muchos, pero tengo que decirlo: no se puede ser original al 100%.
¿Cómo? ¿Que no soy único/a en mi especie?... Tranquilízate, vayamos por partes.
Al igual que un niño que está aprendiendo a ser autónomo, todo lo que leemos, escuchamos, vemos y vivimos nos marca a la hora de crear. Nos guste o no, ese es el punto de referencia desde que el que nos lanzamos hacia la construcción de nuestra esencia y su posterior expresión.
A partir de aquí pueden pasar dos cosas: la primera es el desarrollo que acabo de explicar, mientras que la segunda es un estancamiento que produce una repetición en bucle del origen. Tanto si eliges el primer camino como el segundo se podrá entrever tus influencias, pero lo que dejarás ver de ti -de tu destreza, tu implicación y tu inspiración- será mayor en la primera opción que en la segunda.
Sabiendo esto no hay razón para quebrarse la cabeza en mil añicos para ser los primeros en tratar un tema que nadie más ha tratado (como hacen los buscadores de la voz propia). Todos los temas han sido tratados en todas las regiones del planeta a lo largo de los siglos, pero tu perspectiva de los mismos solo la tienes tú, y eso te hace único/a.
No lo olvides.


Un escritor original no es aquel que no imita a nadie, 
sino aquel a quien nadie puede imitar.
Françoise-René de Chateaubriand 
Escritor y político francés. (1768-1848)

domingo, 13 de noviembre de 2016

Reflexiones de ayer y hoy: Juan José Saer

Fragmento de El concepto de ficción.

Podemos por lo tanto afirmar que la verdad no es necesariamente lo contrario de la ficción, y que cuando optamos por la práctica de la ficción no lo hacemos con el propósito turbio de tergiversar la verdad.
En cuanto a la dependencia jerárquica entre verdad y ficción, según la cual la primera poseería una positividad mayor que la segunda, es desde luego, en el plano que nos interesa, una mera fantasía moral.
Aun con la mejor buena voluntad, aceptando esa jerarquía y atribuyendo a la verdad el campo de la realidad objetiva y a la ficción la dudosa expresión de lo subjetivo, persistirá siempre el problema principal, es decir la indeterminación de que sufren no la ficción subjetiva, relegada al terreno de lo inútil y caprichoso, sino la supuesta verdad objetiva y los géneros que pretenden representarla.

Juan José Saer (Argentina, 1937- Francia, 2005)

martes, 8 de noviembre de 2016

Planificar para ejecutar, ejecutar para planificar

"Necesito documentarme para mis novelas. Es la parte que más me gusta del proceso de escritura" es una declaración que suele escucharse de escritores especializados en novelas históricas o tramas de gran complejidad técnica. Lo que más llama la atención es que ven la creación del manuscrito como una tarea desagradable que deben hacer para justificar el tiempo y la energía empleados en investigar. Si un escritor se define por escribir a menudo lo que imagina y/o le inquieta y disfrutar de ello, ¿qué es esta especie que se sumerge una y otra vez en los archivos e informes escritos por otros sin pensar en nada más?
Algunas de sus características más comunes y más sorprendentes son las siguientes: casi siempre están preparándose para escribir su gran obra pero casi nunca las están escribiendo. Nunca consideran que su momento presente -sea cuales sean las circunstancias- es el adecuado para escribir y/o corregir, y mucho menos publicar. En su boca siempre está el consejo de que todos los escritores deben hacer lo que ellos hacen, independientemente del éxito que hayan tenido o de lo que sientan hacia quien les escucha. 
Esta situación lleva una pregunta ya conocida: ¿dónde queda la imaginación? Siguiendo la argumentación de lo expuesto en el último escalón de las prioridades, por no decir fuera de ellas. Y digo yo: a menos que lo que se pretenda sea un ensayo, una biografía o una obra de consulta, ¿no resultaría rancio que la obra en la que uno/a ha empleado tiempo y esfuerzo sea un refrito de otras, algo que se puede omitir porque ya existen otros libros iguales? Yo creo que sí, y se puede evitar añadiendo un ingrediente que solo tú puedes darle: originalidad, es decir, tu forma de ver las cosas. 
Esta bien documentarse cuando queremos abordar una historia que necesita de mecanismos o términos que no dominados del todo, pero esto no debe servir de excusa para posponer sine die la labor que define al escritor.


Aquí te dejo un relato que ilustra lo que hemos debatido.
Leopoldo (sus trabajos), de Augusto Monterroso.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Reflexiones de ayer y hoy: Sergio del Molino

Fragmento del artículo de opinión Que rueden cabezas 
(El País, 29 de julio de 2016).

Puedo ir a mi biblioteca, coger prácticamente al azar un libro de un autor español vivo (incluso de autores de literatura juvenil) y buscar en él unos párrafos que, colgados en las redes sociales con los signos de admiración pertinentes, pueden arruinar la carrera y la vida del escritor. Estoy convencido de que ninguno pasamos la prueba de la pureza y de que en cualquier obra, si se descontextualiza bien, hay material para que rueden todas las cabezas que queramos, hasta que nos falten picotas para tanta testa. Puedo hacer pasar por machista, terrorista, racista o nazi a cualquier autor que me señalen. Solo necesito un par de horas para encontrar una frase de un personaje o una ironía sacada de su hilo narrativo.

Sergio del Molino (España, 1979)

viernes, 4 de noviembre de 2016

Vivir para plasmar, plasmar para vivir

"Para plasmarlo en mi obra tengo que vivirlo" es una frase que seguramente hemos escuchado en alguna entrevista o conversación con algún artista, sobre todo si es experimental. Esto nos lleva algunos a hacernos la siguiente pregunta: ¿qué hay detrás de eso?
Las respuestas son diversas, dependiendo del punto de vista de quien las escuche: una dedicación absoluta -u obsesiva-, un acto de esnobismo o una simple excentricidad. Todas ellas llevan a una conclusión disparatada e inquietante que de ser real tendríamos un mundo donde, por ejemplo, los escritores de género negro son unos psicópatas sedientos de sangre y los de género erótico la lujuria personificada.
Partiendo de esto aparece otra cuestión: ¿de dónde sale la experiencia de hechos que no pueden ocurrir en la realidad? Siguiendo el planteamiento descrito con anterioridad esto sería imposible, o fruto de una mente perturbada.
¿No se puede hacer nada? Sí, se puede con algo llamado imaginación. Esta cualidad nos permite ponernos en la piel de los personajes que creamos sin que las leyes físicas nos limiten, ni meternos en problemas con la Ley, ni perjudicar nuestra salud. Una vez hecho esto, grabamos sus acciones, sentimientos y/o pensamientos en un formato físico (papel, hoja de word, lienzo, cinta de audio, etc.)
¿Por qué decir algo que es de sentido común? Porque es el menos común de los sentidos.


Aquí te dejo un relato que ilustra muy bien lo que hemos debatido. 
El derecho de ser un hombre, de Auguste Villiers de L'Isle-Adam