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domingo, 11 de diciembre de 2016

Reflexiones de ayer y hoy: Roy Galán

Sobre la educación sentimental 
(publicado el 16 de septiembre de 2016 con motivo del suicidio de Tiziana Cantone)

Sobre la educación sentimental.
Tiziana se ha despojado de su existencia.
Con 31 años ha decidido morir porque otros seres humanos han hecho que se sintiera como una guarra.
Como una bruja.
Tiziana tenía relaciones sexuales. ¿Raro, no?
“¿Estás grabando un vídeo? Bravo”.
Eso es lo que ella dijo cuando vio que una de sus parejas grababa el acto sexual.
Desde su elección como mujer a ser grabada, a llevar a cabo una fantasía, a ponerse cachonda con esa idea, a lo que le dé la real gana.
Incluso a compartir privadamente ese vídeo con quien ella quisiera y con el fin que creyera conveniente.
Lo que nunca consintió Tiziana es que ese vídeo lo hiciera público un hombre.
Lo que nunca se esperó es que esa frase acabará en una camiseta.
El machote mostrando al mundo lo puta que era su exnovia.
La calidad de un ser humano se mide por cómo trata lo que ha amado.
Por cómo habla sobre lo que alguna vez ha sentido afecto.
Por lo que hace con la intimidad compartida con la otra persona.
El problema son los hombres educados en lo desaprensivo.
En su forma de manipular los cuerpos como si fueran objetos.
En la propensión machista hacia la broma hiriente.
Sí, ésa de follarte a una hembra y abandonarla en un descampado.
Hay algo en esa fuerza bruta, en esa apropiación física, en ese linchamiento, tan brutal y tan pornográfico, tan indecente.
Algo que sucede porque los hombres han sido educados en los obsceno.
En las eyaculaciones faciales y los atragantamientos.
En la pornografía no hay sentimiento. No hay respeto.
Y los hombres creen que si son más irrespetuosos son más masculinos parecen.
Porque nadie en casa les habló de qué era de verdad la intimidad.
¿Y por qué la infamia recae en lo femenino?
¿Por qué la reputación de alguien depende de la práctica de sexo?
¿No follaron nuestros padres? ¿Y las madres de nuestras madres?
¿No follamos todos?
Es como si desprestigiáramos a alguien por respirar.
Como si nos burláramos porque pestañea.
Pero lo hacemos.
Somos seres indignos de nuestras capacidades.
Todos y todas tenemos derecho a conservar el orgullo de lo íntimo.
Algo que compartimos sólo con quien decidimos.
El problema es que hablar de lo compartido es un deporte nacional.
Mancillar el encuentro.
Contar sobre tamaños, gemidos, número de veces, si se deja por detrás, si se lo traga, si se corre mucho tiempo, el número de espasmos.
Regalando lo que es entregado.
¿Cuántas personas conoces que hagan eso?
Yo, demasiadas.
Tiziana fue una vez una niña.
Como todos y como todas.
No sé cómo se imaginaba el amor y el sexo.
Seguramente solo deseaba sentirse querida.
Como todas y como todas.
Tiene que haber otra versión de este cuento.
Uno en el que Tiziana diera con un ser humano decente.
Con algunos hombres buenos.
Que tuvieran una madre buena y un padre bueno y unos amigos buenos que le hayan enseñado cómo querer bien.
Lo más triste de todo es que para Tiziana se ha acabado todo.
Y es responsabilidad nuestra luchar para cambiar la historia.
Nuestra historia.
La que se mide por la cantidad de luchas que somos capaces de librar.
Ésta.
La injusta historia de las mujeres sobre el planeta Tierra.
Algún día.
Tendrá también que acabar.
Pero con las mujeres vivas.
Y libres.

Roy Galán (España, 1980)

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