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jueves, 26 de enero de 2017

De la libertad al miedo



A raíz del post De la libertad a la ofensa recordé esta cita del escritor romano. Desde aquellos tiempos hasta ahora las cosas no han cambiado demasiado. ¿Por qué? Porque es mas fácil y más cómodo no responsabilizarse de los actos propios.
Como dije en la entrada que cité, muchas personas no soportan la libertad de los demás porque su inseguridad no les permite ejercer la suya. Si no tuvieran esa insatisfacción consigo mismos no tendrían la imperiosa necesidad de obligar a los demás a vivir según sus reglas personales, como espejos en los que asegurarse de que su aspecto es el adecuado. 
Es curioso que muchos niños quieran hacerse mayores para hacer lo que les venga en gana y cuando se hacen adultos siempre busquen excusas para justificar sus acciones y no hacer frente a las consecuencias de éstas. Es curioso porque la libertad, el libre albedrío, se fundamenta en la capacidad para responder ante los pros y los contras de la vida que se elige, sin glorificar ni culpar a nadie a excepción de uno/a mismo/a, quien es el verdadero juez y el verdadero redentor. 
Por todo esto, no está de más decir que ser libre es ser valiente y saber apreciar ese valor en los demás. Así de simple.

sábado, 21 de enero de 2017

Lo que sé de M. R. James

Si bien su obra no es tan extensa como la de otros autores coetáneos de su mismo género, Montague Rhodes James (Reino Unido, 1862-1936) supo colocarse entre las grandes figuras de la literatura de terror gracias a la gran calidad de sus relatos, que siguen asustando a los lectores del siglo XXI.
La ambientación realista, la extraordinaria capacidad de mantener la atención de quien le lee y la notable habilidad para crear monstruos son tres aspectos a destacar en una perspectiva sobre las historias de fantasmas que sigue teniendo su impacto en muchos escritores actuales.
Historias de fantasma de un anticuario (1904), Más historias de fantasmas de un anticuario (1911), Un fantasma inconsistente (1919), Los cinco frascos (1922) y Una advertencia a curiosos (1925) es toda la obra que publicó, pero fue suficiente para mostrar el talento de un hombre que escribía para divertirse a sí mismo.


martes, 10 de enero de 2017

De la libertad a la ofensa



Parece una obviedad, pero en los tiempos que corren hay que recordarlo con más frecuencia de lo que se debería. No me refiero a las leyes ni a los políticos gobernantes; me refiero a las personas que nos rodean tanto física como virtualmente.
A diario me encuentro con gente que cree que su estilo de vida es el que todos/as tienen que seguir y que eso le da derecho a insultar (incluso desear la muerte) a quien no piense y/o sienta lo mismo. Lo curioso es que el 90% de las veces lo hace en redes sociales -propias y/o ajenas-, donde puede esconderse detrás de identidades falsas. También veo a personas que hablan de sus creencias y opiniones a cara descubierta y son humillados por no coincidir con la corriente reinante, con un mundo de globos en el que ellos son las agujas.
Dudo mucho que yo sea la única que piensa que hemos pasado de la amada e idealizada libertad de expresión a la cruda y detestable libertad de ofensa, producida por una megalomanía que hunde sus cimientos en una autoestima muy baja y una ambición muy desencaminada, por no hablar de cierto grado de borreguismo. Paradojicamente todas esas personas cool (entiéndase la ironía) se erigen como paradigma de la oposición contra el sistema social usando los mismos metodos de acallar, ridiculizar y marginar que usa esa misma sociedad que rechaza, ya sea por arrogancia, postureo o una rebeldía mal entendida. ¿Falta de originalidad? Seguramente sí.
Evidentemente hay ciertas cosas que no se pueden defender de ningún modo -como un asesinato o una violación-, pero la mayoría de los asuntos que acontecen en este mundo tienen el denominador común de que pueden tratarse y vivirse de formas muy diversas, todas ellas respetables siempre y cuando no sean impuestas.
Ya que estamos comenzando el año pongámonos un propósito fácil de cumplir: vivir nuestra vida y dejar a los demás vivir la suya. Así de simple.