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martes, 28 de febrero de 2017

El precio de la sinceridad

¿Cuántas veces hemos dicho que nos gusta la sinceridad y cuando la obtenemos nos amarga profundamente? Innumerables, ¿verdad?
Al igual que la libertad, la honestidad es una virtud muy mal entendida. Si la ejerces te tildan de poca educación o pocas luces. Si no la empleas te califican de hipócrita o socarrón. ¿Qué hacer? Flotar sobre las olas de la susceptibilidad ajena en la balsa del amor propio.


Y yo me pregunto, ¿por qué pedimos algo que sabemos que no vamos a digerir bien? Supongo que todo es una cuestión de responsabilidad, de la habilidad de responder -como alguien dijo alguna vez-. No somos responsables de nuestras propias decisiones, es decir, no somos lo suficientemente valientes como para asumir nuestros actos con todos sus pros y todos sus contras, y por ello preferimos mentirnos a nosotros mismos y los unos a los otros para sentirnos mejor con una vida que no siempre es grata a nuestros intereses.


No debemos olvidar que la sinceridad deriva de la libertad, por lo que debe ser tratada con delicadeza y firmeza. Si no ejerces tu derecho a ser libre no hagas preguntas cuyas respuestas no quieras, puedas o sepas asumir, porque te pondrá delante de un espejo en el que no deseas verte. Si ejerces ese derecho piensa te apartarán de su camino de muy malos modos. 
Como ya dije en anteriores ocasiones, hay regalos demasiado caros para personas demasiado ordinarias, pero eso no quita que debamos respetarnos los unos a los otros y saber quiénes somos en realidad.

martes, 21 de febrero de 2017

Letras canarias con un aviso a navegantes

Como todos los años este día es celebrado en los círculos literarios canarios. En esta ocasión está dedicado a Rafael Arozarena, autor de una de las novelas más famosas de Canarias, Mararía.
No voy a decir nada que no se haya dicho ya sobre esta obra cumbre del movimiento fetasiano, porque lo que quiero tratar es lo que hay detrás de su publicación.
Siempre se ha comentado que Arozarena no sentía mucho cariño por esta obra debido al contrato que firmó con su editorial, que exprimió la novela hasta unos pocos años después de su muerte sin que el autor recibiera nada más que migajas económicas y la pesada carga de la resignación. 
Hoy en día siguen ocurriendo estas cosas, como lo demuestran estas palabras que Yauci Manuel Fernández escribió en su perfil de Facebook:
Tengo un dilema. Siempre me ha gustado que los lectores estén al tanto de lo que ocurre detrás de los libros, aunque sean cosas que no les gusta saber. ¿Qué se hace con una editorial que no cumple su propio contrato, que ya de por sí es abusivo, que tiene atada una de tus obras durante décadas? ¿Asumes el error que cometiste al firmarlo y te aguantas, con la incertidumbre de que no importa cuánto vendas, que a lo mejor nunca vas a cobrar? ¿Denuncias y tienes parada esa obra durante años sin saber si la justicia te dará la razón, con todo el desgaste que supone eso? ¿Publicas la obra por tu cuenta sabiendo que por sus pocos escrúpulos te demandarán? ¿La dejas de lado cuando es una novela que adoras?
Ojo, que hay editoriales maravillosas con las que es un placer levantarse por la mañana para trabajar en equipo. 
Por otra parte, Bibiana Reyes nos habla en el post La editorial Planeta ha plagiado el título de mi libro de ciertas jugarretas que hacen algunas editoriales grandes con la misma premisa de ganar dinero a toda costa.
Todas estas cuestiones -y otras como que el escritor solo reciba el 10% de cada libro vendido si es editado por la vía tradicional- son injustas e inmorales, y más sabiendo que algunas de estas prácticas están amparadas por la Ley. ¿Cuándo cambiará esto? Cuando se considere que un escritor es igual de importante que un profesor o un médico y que por ello no debe ser tratado como un papel roto. ¿Ves difícil que se produzca el cambio? Yo también, pero nadie dijo que fuera algo inmediato.
Por fortuna en la actualidad existen muchos recursos para ponerle freno a estos trapaceros, ya que la tecnología nos ayuda a detectar las trastadas con más rapidez y a asesorarnos de manera eficaz en la solución del problema. Sin embargo, te recuerdo que siempre leas la letra pequeña del contrato, que analices bien los pros y los contras y que no firmes nada de lo que no estés completamente seguro/a. Así será más dificil que caigas en las garras de estos estafadores culturales, que aunque sean una minoría envenan un sector que lucha día a día por tener su hueco en una sociedad sumamente utilistarista y de consumo rápido.