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miércoles, 15 de marzo de 2017

Los terribles ojos de la envidia

¡Ay, la envidia! Ese monstruo que campa a sus anchas entre las almas débiles de este mundo.
Resulta curioso que los poseídos por esta plaga siempre empleen sus escasas fuerzas morales y emocionales en humillar y/o agredir a las personas que poseen determinadas cualidades en vez de luchar por lo que desean, pero hay un factor que inquieta aún más: su obcecación en un sufrimiento inútil que puede durar años o incluso toda la vida. No es lógico ni positivo enemistarse con uno/a mismo/a ni con el entorno más inmediato por cuestiones que en su mayoría son absurdas y/o fáciles de solventar.
La envidia tiene un remedio muy sencillo de seguir: sobreponerse a ella, pensar cómo se puede conseguir lo anhelado y disfrutar del premio, realizando cada paso sin dañar a nadie ni permitiendo que nos hieran. ¿Demasiado trabajo? Solo los que padecen este mal responderán que sí, porque le es mucho más cómodo intentar rebajar a los demás a su misero nivel que alzarse a uno muy superior al lodo donde nadan y se ahogan. 


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