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domingo, 23 de abril de 2017

Libros y otras tragedias

Hoy celebramos el Día del Libro... Bueno, lo celebramos los que por profesión y/o afición lo tenemos en nuestras vidas. Para el resto del mundo es un día más como otro cualquiera, a menos que sea su cumpleaños, claro está.
¿Qué quiero decir con todo esto? Que vivimos en un mundo donde el libro sigue considerándose un bien útil y sin embargo poca gente lee, ya sea porque no le gusta o porque no está entre sus prioridades a la hora de disfrutar de su tiempo libre. Otro aspecto a destacar es el aislamiento que padecen las personas que se preocupan por su intelecto y su espíritu en un entorno donde eso no se le concede importancia alguna.
Por otra parte cabe mencionar la aparición de estos dos artículos: 



Su lectura me causó un impresión bastante profunda, sobre todo por el hecho de que el autor afirma su pensamiento como una verdad absoluta. No digo que no tenga razón, solo que no ve la realidad en su totalidad. 
Por supuesto que hay gente que recurren a la autoedición por las razones que expone David Vicente, pero también hay que la emplean porque saben cómo es el mercado editorial tradicional y que no pueden acceder a él a menos que tengan buenos contactos y/o un manuscrito bastante acorde con la moda imperante. Muy pocos pueden asegurar que lograron introducirse con un libro debut y/o que rompiera con las reglas establecidas. Además, estas personas leen y escriben con asiduidad, por lo que tendrán menos fallos en la edición final del libro, por lo menos en lo que está dentro de su control.
Respecto al segundo artículo, hay dos cosas que tengo que objetar. 
La primera es la omisión de otro de los factores de la falta del gusto de la lectura en la mayor parte de la sociedad: la obligatoriedad de la lectura en las escuelas y los institutos, lo cual consiste en leerse un libro por lo general muy grueso en tiempo récord para después contestar un examen sobre él con la esperanza de aprobar y no acordarse más del tema. ¿No es desalentadora esta estrategia? Sí, pero con el nuevo plan educativo que va a implantarse en España este asunto queda liquidado, para bien y para mal. 
La segunda es que no ofrece una alternativa a la promoción y venta de libros que no sea las presentaciones y las firmas en las ferias. Por otra parte, si se ejerciera el férreo control que David Vicente propone para garantizar la "buena calidad" de la literatura, ¿no entraríamos en una dictadura cultural, en la que todos leerían lo mismo e incluso pensarían lo mismo? Creo que sí. Además, seguirían habiendo personas que no leen ni las etiquetas de los geles. 
Si eres lector/a y/o escritor/a disfruta de este día, porque es de los pocos en los que se acuerdan de ti. 


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