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domingo, 7 de mayo de 2017

Reflexiones de ayer y hoy: Roy Galán

Los hijos no te incumben

Los hijos no te incumben.
No son de tu propiedad.
Si los concebiste es porque quisiste.
Si fue porque era lo que tocaba es tu problema y de nadie más.
Si fue para salvar otra cosa es tu problema y de nadie más.
Si los cuidaste es porque querías.
Porque era lo que te nacía.
Por eso tus hijos no te deben absolutamente nada.
Solo te deben respeto si tú los respetas.
Sí, empezar a respetar a tus hijos por encima de tus necesidades, sería un magnífico comienzo.
No sabes lo que quieres.
Es por tu bien.
Yo sé lo que te conviene.
Con la cabeza que tenías y lo tiraste todo a la basura estudiando eso sin salida.
No me gusta para ti.
Con ese escote, no.
¿No serás maricón, verdad?
Tatuajes, piercings y tintes, no.
Es tan indecente decirle a un ser humano que él no.
Un desprestigio de la ilusión y de todo aquello que tiene que ver con la construcción de las cosas.
¿Quién eres tú para negarle a alguien el mundo?
Con todo lo que el mundo tiene por ofrecernos, joder.
Los hijos se dan cuenta de todo.
Te calan.
Y ven que haces las cosas por miedo.
Miedo a perderlos, miedo a que las cosas no sean como pensaste que serían, miedo a sufrir, o miedo a que sufran.
¿No ves que les haces daño para evitar un daño que no existe sino en tu cabeza?
Les estás creando una herida futura.
Seguridad para hoy, taquicardia para mañana.
Y un fin de semana gritándole a una silla con tu nombre para tener una vida afectiva, de una vez, sin boicotearse constantemente.
Con lo sencillo que sería preguntar a los hijos qué sienten.
Siento que tu hija quiere dormir abrazada durante toda la vida a otra mujer, que estudia filología porque una vez leyó una frase de Kundera que le cambió la vida, que es medio pobre pero no le importa porque es medio buena gente y nunca le faltará un plato de lentejas, que lleva camisetas recortadas porque las ha hecho ella con sus manos y el piercing es un pos it que me recuerda que mi cuerpo es mío y solo mío.
Si no entiendes eso es que no estás vivo.
O no quieres a nadie.
O que te importa una mierda lo que el resto sienta.
Los hijos respetados nunca piden nada porque tienen de todo.
Porque han sido tratados como seres inteligentes.
Con las capacidades intactas.
Los hijos son un paisaje.
Al que tú vas de visita y puedes disfrutar durante un rato.
Igual hay cientos de árboles que te tapan un poco la puesta de sol.
Tal vez haya kilómetros de fango en el suelo.
Un poco de viento gélido.
Quizás sería más bonito con la marea baja.
Pero es así.
Tú no coges y talas los árboles y limpias el suelo y paras el viento y bajas la marea.
Porque no puedes.
Porque no te compete.
Y porque sería indecente.
Los hijos solo tienen esta vida.
Como tú.
Con lo sencillo que es preguntar.
¿Tú estás bien?
Sí.
Pues entonces, yo también.
Aquí.
Abrazando el paisaje antes de que anochezca.
Venga, que te subo a los hombros, para que lo veas mejor.

Roy Galán (España, 1980)

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